lunes, 11 de octubre de 2010

Historia de Lan

Año 867 A.R.; en el castillo Cima del Alba, la lluvia golpea fuertemente en las ventanas de las habitaciones del Caballero de Thrane Othón. Como todo padre primerizo en la noche del parto, su nerviosismo queda patente en las grandes zancadas con las que atraviesa el pasillo frente a las habitaciones de su esposa, Lady Miraseida. Está acostumbrado a luchar por la Llama, a las frías noches a la intemperie, a la dureza del apostolado, pero no a la espera ni a la incertidumbre. La fiel Ayuda de cámara de su mujer, Eleia, ya ha tenido que echarle tres veces de las habitaciones de su señora. Los gritos son ahogados por el aullido del viento...

Dentro de la cámara, Miraseida sufre los últimos dolores del parto, mientras su nerviosismo va en aumento; espera que el bebé esté bien, pero en su rostro se marca otra inquietud más: que sea humano. Hace ya tanto tiempo que la Replicante Mir se convirtió en Miraseida que casi ha olvidado su verdadera raza, pero si su retoño resulta ser como ella los veinte años de representación tocarán a su fin, y la vida de cariño y felicidad que le ha proporcionado el Señor Othón y que tanto ha costado construir será tragada por el viento de la noche. Para otros Replicantes ella sería denominada despreciativamente como Pasante, y la considerarían poco menos que una traidora por ignorar su naturaleza mutable; pero para Mir éste es su verdadero ser, poder integrarse en la sociedad humana y amar y ser amada por quien ella elija. Por fin, el rostro de su bebé es presentado ante ella, y sus peores temores se hacen realidad: las suaves y grises curvas del rostro sin rasgos de Lan miran por primera y última vez a su madre.


Mientras Miarseida llora la pérdida, Eleia toma la pequeña forma recién nacida y bajo la tormenta la lleva al lugar acordado: en las afueras de la ciudad, frente al carromato pintado de colores chillones de una feria, Juilian D`Phiarlan, artista, timador y espía elfo recoge de las manos de su aya a Lan, además de una carta en la que su madre pide perdón e intenta explicar sus decisiones (aunque sin dar nombres que puedan comprometerla en el futuro), para que Lan la lea cuando sea lo suficientemente mayor para entenderlo todo. Llegado el momento Lan conocerá de su origen, pero nunca le dará mayor importancia ni intentará conocer a sus padres; la naturaleza de las decisiones de su madre le resultará tan extraña que no cabe en su mente que puedan pertenecer a alguien con quien tenga relación alguna.


Lan siempre ha considerado su verdadero nacimiento el momento en el que, ocho años después, la magia se manifestó como parte de su ser. Normalmente los replicantes no poseen ascendencia dracónica; los Dragones, capaces de ver a través de cualquier disfraz, conocen la verdadera naturaleza replicante y no son propensos a aparearse con ellos. De entre estos pocos, menos aún desarrollan su potencial, prefiriendo la senda del Bardo como una más cercana a su propia ascendencia Doppleganger. Pero la educación de Lan no fue la tradicional de un Replicante, y el poder en bruto de la magia y el caótico control que sobre ella ejerce el Hechicero llenó el mutable vacío de su interior. Y no es que Juilian fuese un mal padre, al contrario; con él viajó por todo el mundo contemplando maravillas y gustando de placeres que nunca hubiese podido conocer en casa de sus verdaderos padres, y de él aprendió y comprendió que la mentira y el subterfugio, la magia y el disfraz sirven mejor a cualquier causa que mantener inútiles promesas o mandar jóvenes a morir.


Como parte de un espectáculo de actores y artistas itinerantes, toda su juventud estuvo rodeada por gente que nunca juzgó su naturaleza, que siempre le animó a desarrollar su potencial y a enfrentarse a la vida con la cabeza alta, que le mostró que el bien y el mal están dentro de todos los seres con alma, y que las normas solo sirven de escudo a los ilusos. En su aprendizaje no solo estuvo presente la magia, sino también el mundo de la escena que, por razones evidentes, era algo que se le daba muy bien y apreciaba.


Por todo ello, para Lan cambiar de aspecto, de raza e incluso de sexo resulta tan normal como respirar; durante gran parte de su vida adulta ha vivido de representar un papel, o incluso varios: más de una vez se ha encargado de encarnar a varios personajes dentro de una misma obra. En su mente, estar constreñido dentro de un solo cuerpo, de una sola raza, de una sola apariencia es como estar en prisión, una terrible cárcel de la que no se puede escapar, y siente una pena terrible por todos aquellos que, por accidente de nacimiento, se ven obligados a permanecer en ella. De igual forma, aquellos que consiguen superar sus limitaciones y aprenden a cambiar gracias a la magia o a su propio tesón le parecen los seres más dignos de admiración del mundo, pues han conseguido superar sus discapacidades. Por todo ello, cuando llegó la adolescencia y el momento de desarrollar sus preferencias sexuales, comprendió que ambos sexos le resultan igualmente atrayentes, tanto para interpretarlos como para tentar su deseo..

Y por supuesto, las actividades de su padre adoptivo como espía de la Casa Phiarlan permitieron que usara y afinase sus habilidades naturales y su magia. Al principio éste fue el único motivo que llevó a Juilian a aceptar encargarse de Lan, el beneficio de contar con las habilidades replicantes a su disposición, pero después se convirtió en el placer de actuar juntos como uno solo, en la satisfacción del maestro que ve despuntar a su aprendiz, en la admiración de quien ve como alguien desarrollar plenamente su potencial; en definitiva, en el orgullo de un padre. Durante estos años Lan desarrolló muchas de las que serán sus personalidades recurrentes: Lanerie, la hija elfa de Juilian, y junto con ella Arklann, la guerrera semiorca de los Yermos, el gnomo ilusionista Lannister o el ballestero real de Aundair, Roland.

En el 887 A.R. Juilian fue victima de su éxito: llamado por los líderes Phiarlan para ocupar un lugar destacado en la cúpula organizativa de la Casa. Las habilidades de Lan, si bien hubiesen podido llegar a ser bienvenidas por los elfos, no estarían ya al servicio y criterio único de su padre, y Lan no quería sacrificar su libertad. Igualmente, aunque podía haber continuado con su vida itinerante, los años de misiones secretas y subterfugios habían cultivado en Lan el gusto por la aventura, y la vida de la feria perdía gran parte de su atractivo sin su padre. Finalmente, con veinte años y ganas de vivir miles de vidas, Lan partió en solitario con el firme propósito de entregar todo su arte al mundo; incluso aunque no lo hubiese pedido.

2 comentarios:

Diego / Master of Puppets dijo...

Por cierto, una cosa para Lagunilla.

La historia esta bien, salvo que hablas de labores que desempeñaste en la última guerra (cosa que todavía no ha llegado).

Si quieres que la adapte con el mismo trasfondo pero diferente fecha me lo dices y si prefieres modificarlo tu acuérdate que aún no ha comenzado la guerra, modifícalo y mandamelo por mail.

Ya me dirás que prefieres.

Un Saludo!

darlon dijo...

Ostias q cagada!!!!pos adaptame las fexas(aunq sea otra guerra o algo asi)y prau!!!
nos vemos peña!!!sorry master...